El aspirante – Anecdota Tibetana

cuentos

El joven aspirante europeo finalmente había superado sus pruebas para ingresar al monasterio tibetano, y debía someterse a un último interrogatorio con el Maestro.”Dime”, le preguntó el Maestro, “¿serías capaz, en un momento de desesperación o de arrebato llegar al punto de agredir a tu Maestro?”.Horrorizado, el aspirante aseguró al Maestro que jamás sería capaz de semejante locura.Asintiendo, el Maestro hace una señal a un grupo de auxiliares, quienes traen un tonel lleno de agua a la habitación.Sin previo aviso, el Maestro toma al aspirante por la cabeza y lo sumerge dentro del tonel.El aspirante, desesperado y a punto de ahogarse empieza a golpear y a patear al monje que le sostenía con firmeza.Éste, sin perder la serenidad, le libera y mirándole fijamente a los ojos le dice:”¡Qué ligeras y efímeras son tus resoluciones! Vete. Vuelve tan sólo cuando tu necesidad de Sabiduría sea más fuerte que tu necesidad de conservar la vida”.

El cuento del alfarero

Elser

Dicen, que cuando nacemos, en ese preciso instante de la vida, empezamos a ser moldeados, por las capas y formas de la personalidad.

Esa personalidad que sutilmente nos va envolviendo, atrapando y poco a poco encerrando nuestro ser interior de luz en su interior. Esa pequeña llama o chispa que todos tenemos.

Esa personalidad moldeada por el “Alfarero” (la vida) que moldea sin cesar cada momento y cada instante, añadiendo y quitando, dando forma a nuestra forma de ser, nuestro carácter, al fin al cabo, nuestros yoes…

Todos llevamos esa luz, y a veces el “alfarero” realiza bien su trabajo, y salen cosas bonitas y agradables (personalidades) y a veces el “alfarero” se confunde y le salen mal otras.

Dicen, que según nos vamos, “nos van moldeando” nuestra pequeña luz sigue ahí dentro, sin dejarse ver, apenas una chispa, que se mantiene casi en la oscuridad pero que lentamente y poco a poco, según nuestro aprendizaje interior, nuestra evolución, y nuestro despertar, esa llama va haciéndose más y más luminosa, más y más brillante.

Dicen, que en un determinado instante, la llama o la luz es tan intensa que empieza a salir por pequeños orificios, a calentarse tanto, que empieza a derretir las capas de nuestro molde, de nuestra personalidad, y que llegado un punto, todas esas capas, desaparecen para volver a ser uno mismo, el ser, la Luz.

Descubrir y sentir que estamos “moldeados” de una forma u de otras, es importante para poder despertar y encontrar más fácilmente esa Luz.