Un infierno interior

¿No existe en el mundo una segunda fuerza maligna
opuesta a Todo lo que es? ¿No hay un Infierno? En las
imágenes del Infierno vemos una procesión de almas
condenadas y desnudas, alejadas de toda posibilidad de
salvación, marchando afligidas hacia los abismos en
llamas o gritando de terror. Si bien en nuestra
sofisticación podemos reírnos ante esta imagen
literal, considerando que estamos exentos de este
destino, todos hemos vivido por lo menos un día, una
hora o una vida en nuestro propio infierno ardiente
dentro de nuestras cabezas, atrapados, afligidos sin
sentido por la ira, el horror, la culpa, la envidia,
los celos o el terror. ¿Quién no ha sido capaz de
alguna medida de infierno autocreado?

Algunos han vivido en el Infierno desde el primer
hálito o incluso antes, no queridos o despreciados
dentro del seno materno. El cielo interior comienza
aquí en la Tierra. Desde la infancia, algunas almas
reciben golpes y pellizcos, bofetadas y rasguños o son
encerradas en armarios y viven temerosas de aquellos
que supuestamente cuidan de ellas. Maltratadas o
envilecidas, invadidas en sus partes sexuales,
golpeadas, ignoradas o devoradas por las
drogadicciones de los padres, estas almas, en los
casos más graves, se hacen adultas con muy poco o
ningún sentido de la unidad con Dios y su bondad. Pese
a la increíble adversidad, sabemos que algunas almas
logran eludir en forma milagrosa el mal que las rodea.
En otros casos, los traumas son muy serios. Como si su
humanidad se hubiera consumido, otras viven para
infligir a los demás el infierno interior que llevan
dentro, perpetrando actos despreciables. El ciclo
continúa. El infierno interior es la certeza de que no
hay amor y el poder sólo puede detentarse haciendo
sufrir a otro.

Nuestro propio infierno interior puede ser la
inseguridad o rigidez que nos mantiene aislados del
amor. El infierno puede ser vivir con una lujuria
ilimitada, con ambición, envidia, paranoia, enferme-
dad mental, miedo, ira, autodestrucción, obsesión u
orgullo. Sabemos que este tipo de fijaciones nos
separa del fluir de la vida, paraliza nuestra
creatividad y nos hace caer en una insatisfacción
derrotista y repetitiva. El Infierno es oscuro y
pesado, frío, interminable, solitario y
desesperanzado.

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